Un caso paradigmático, del que incluso hay literatura académica, es el del destrozo de las películas de los Hermanos Marx. Los chistes de doble sentido, los guiños y las eternas subordinadas tienden a perder fuelle en la traducción. Por ejemplo, en 'Una noche en la ópera', cuando entran las camareras Groucho dice: "Pasen y dejen toda esperanza atrás". En español escuchamos (aún hoy), "pasen, no se asusten de nada y dénse prisa".
Lost, esa serie más complicada que la pata de un romano, con miles de argumentos secundarios, giros y extensiones digitales que completan la historia (Lost Experience), perfectamente trazada, cerrada en todos sus aspectos, no ha sido igualmente cuidadosa con sus traducciones al español. En el cuarto episodio de la primera temporada vemos a una de sus estrellas, John Locke, discutiendo con un agente de viajes. John quiere viajar a un lugar peligroso pero el agente no está de acuerdo. En la versión original aduce la "condición" de Locke para negarse. Sólo es al final cuando descubrimos que el protagonista está postrado en una silla de ruedas. En cambio, en la versión doblada, prácticamente al principio se habla de "parálisis", estropeando así la sorpresa.
En otras ocasiones la cuestión no es sólo semántica. La voz como transmisora de poder interpretativo es la primera víctima del doblaje. La virtud declamativa de Richard Burton, Errol Flynn o, quizás en menor medida, Sean Connery desaparecen bajo capas de voces repetidas (algunos dobladores se encargan de varios personajes). En el ejemplo del vídeo comprobamos que, aunque está bien, no es lo mismo escuchar a Connery y Michael Caine al natural en 'El hombre que pudo reinar' que con sus respectivos postizos.
Más de lo mismo sucede con Clint Eastwood en 'Sin perdón' que, gracias al impecable trabajo de Constantino Romero, ha pasado al imaginario colectivo español con una voz bastante más grave de la que tiene en realidad.
Un fenómeno que trae la modernidad es la intromisión de caras conocidas por asuntos ajenos al cine en el doblaje. Los ejemplos son tantos que hemos preferido no torturar al lector con su repetición. Sí lo haremos con otra moda: la de adaptar los chistes al ámbito local. Sobre todo los chistes malos. Uno de los casos más espectaculares es 'Kung Fu Sion', un experimento de Stephen Chow perlado de chinos con deje andaluz y mexicano.
FUENTE: LaInformación








Que te lo expliquen ellos:
http://www.youtube.com/watch?v=7cZFMfXUj6E